Patinaje de velocidad; en Holanda hay vida después del fútbol

Cuando en el mundo del deporte se habla de los Países Bajos, inmediatamente nos viene a la mente el fútbol y su otrora llamada Naranja Mecánica, aquella selección que dinamitó el mundo del fútbol allá por la década de los 70, con su particular estilo de juego. Jugara en donde jugara, siempre ponía la nota de color en las gradas con sus vestimentas orange, que siempre se destacan entre el resto del público. Hoy en día, esa marea naranja continúa asistiendo a cualquier competición de renombre, para apoyar a su selección en la búsqueda de, sobre todo, algún mundial que llevarse a sus vitrinas, tras tantas veces quedándose a las puertas.

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Sin embargo, caeríamos en un error si pensáramos que el balonpié copa en exclusiva la atención del país de los tulipanes. Otros deportes tienen una gran tradición, como puede ser el ciclismo, la natación, el voleibol y, sobre todo, en los últimos quince años, un maravilloso deporte para nosotros desconocido, pero que en Holanda causa verdadero fervor: el patinaje de velocidad. Y es que los patines en los Países Bajos son como unas zapatillas de correr para un jamaicano. A finales de los 90, una encuesta realizada en Holanda dio como resultado que, de los 18 millones de habitantes del país, casi 14 millones se consideraban patinadores, al menos de manera ocasional. Así que no es raro ver que en los Juegos de Invierno, se disputen donde se disputen, las gradas del óvalo de competición de patinaje están pobladas de color naranja, un color naranja que, en estos últimos Juegos de Sochi, seguramente ha provocado más de una noche de insomnio a sus más directos rivales, ya fueran americanos, rusos, chinos o coreanos. Prueba tras prueba, tanto en hombres como en mujeres, han tenido que hincar la rodilla ante estos bólidos del hielo.

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El dominio de los Países Bajos ha sido inapelable. El balance final tras los Juegos en patinaje de velocidad, dio como resultado la obtención de 8 medallas de oro, 7 de plata y 9 de bronce, y 3 sorprendentes récords olímpicos, puesto que la pista de Sochi no era ideal para batir récords, por encontrarse a una baja altitud con respecto al mar. Muchos se preguntan cuál es el secreto para semejante hazaña. Ese secreto no es una sola cuestión, sino que es un cúmulo de razones, algunas de las cuales os detallaré a continuación.

Como ya mencioné, la primera es la gran afición que hay en el país por este deporte, lo que da como resultado un gran número de licencias. Lógicamente, cuanta más materia prima tengas, más opciones tendrás de alcanzar el éxito. La competencia por entrar en la selección nacional es enorme. Muchos grandes patinadores, que durante todo el año se han preparado día y noche en intensísimas sesiones de entrenamiento y que si tuvieran otra nacionalidad acudirían sin problema alguno a los Juegos, ven con frustración cómo tienen que verlos por televisión, porque, a la hora de la verdad, la calidad es tal, que muchos se quedan a las puertas. Cualquier mínimo error te deja fuera de los Juegos. En Holanda los entrenos no son simples entrenos, cada entrenamiento es como un campeonato del mundo diario; la rivalidad y el afán por mejorar es increíble.

Otra cuestión, quizá para mí la más importante, es el estadio Thialf de la pequeña localidad de Heerenveen. En esta localidad de apenas 30.000 habitantes, se entrena el equipo olímpico holandés durante el año. No es la única instalación que poseen, puesto que a lo largo del país cuentan con 4 pistas cubiertas y 14 al aire libre, algo que casi ningún rival se puede permitir. Pero volvamos a la joya de la corona, al Thialf. A este estadio acudió la delegación rusa para estudiarlo y, posteriormente, modelar el estadio olímpico de Sochi a la imagen y semejanza del óvalo holandés, por lo que los holandeses partieron, en la competición de Sochi, con una gran ventaja. Era como correr en casa. Los flujos de aire eran similares a los de la pista en donde entrenan todo el año, ventaja que los otros países contendientes no tenían.

Como dije antes, la superioridad neerlandesa fue tal que, aún contando las medallas que han obtenido tan solo los patinadores oriundos de la localidad de Heerenveen, sin contar el resto de patinadores de otras localidades de Holanda, los Países Bajos superarían en el medallero a la mayoría de los países que acudieron a los Juegos.

Otra razón de peso es, sin ningún lugar a dudas, el presupuesto de la delegación holandesa. Como decimos, el patinaje tiene un gran seguimiento en el país y eso hace que aparezcan patrocinadores a mansalva, dispuestos a dejarse fortunas por obtener el patrocinio de las superestrellas neerlandesas. Gracias a esto, a lo largo del año, la federación de patinaje se ha podido permitir el lujo de ir planificando entrenamientos en distintos lugares, unos a nivel del mar y otros en altitud, según el calendario de entrenamientos marcado. Se mueve mucho dinero en este deporte (sirva de ejemplo el patinador Sven Kramer, ganador de un oro y una plata en Sochi, que puede llegar a ganar al año 250.000 €, sin contar aquí el dinero que obtiene de sus patrocinadores).

Pero el dinero no solo se invierte en pagar bien a los patinadores o en tener buenas instalaciones de entrenamiento. No nos podemos olvidar de un tema de gran importancia en esta disciplina: el aire. Al igual que en otros deportes, la aerodinámica cobra gran valor para poder ganar esas milésimas necesarias que te den la victoria y, como no podía ser de otra manera, tampoco aquí los tulipanes reparan en gastos. En la Universidad Tecnológica de Delft, los mejores ingenieros aeronáuticos diseñan los prototipos de última generación para vencer la resistencia al viento, y estudian las mejores posiciones y técnicas de patinaje para ayudar a sus deportistas a vencer.

The gold medalists Netherlands' skaters pose during the victory ceremony for the women's speed skating team pursuit event at the Adler Arena in the Sochi 2014 Winter Olympic Games    Speed Skating - Winter Olympics Day 15

Por lo tanto, Holanda cuenta con todo tipo de ventajas para alcanzar el éxito en este deporte, un deporte que hasta hace 15 años contaba con muchos practicantes, pero en un nivel más amateur. Se patinaba más por diversión que por afán de competir. En Holanda hay una prueba muy característica y de nombre impronunciable, The Elfstedentocht. Data del siglo XIX y se celebra aproximadamente cada 10 años, porque solo se disputa cuando los canales holandeses están completamente helados (algo poco frecuente). Consiste en una carrera por los canales durante 200 interminables kilómetros, en la que normalmente se inscriben más de 10.000 participantes. Pero, como dije antes, hace poco más de una década los holandeses se dieron cuenta de que por morfología y ADN tenían grandes posibilidades en esta disciplina y, hoy en día, ven los frutos de su esfuerzo enormemente recompensados. Amenazan con seguir así durante años, porque el éxito es tal que la cantera que posee Holanda parece inagotable. Actualmente hay un dicho en el país que dice que los niños a los 2 años aprenden a caminar, a los 3 a patinar y a los 4 a andar en bici. Muchos colegios dedican varias horas a la semana a acudir a las pistas de patinaje con sus alumnos y, si acudes a cualquiera de esas pistas y preguntas que quieren hacer de mayores, todos te responderán lo mismo: «ganar un oro olímpico en patinaje de velocidad». Y es que por algo hoy a Holanda la llaman «la Jamaica del hielo».



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Soy un sufrido seguidor de los Cowboys que sigue viviendo de los tiempos pasados que fueron mejores que los actuales para mis vaqueros. El fútbol americano no es el único deporte que me gusta, ya que soy fan de casi cualquier deporte que exista.

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