Los Huskies, campeones de la NCAA

Los jugadores de la Universidad de Connecticut lograron anoche, al ganar 60-54 ante la Universidad de Kentucky, su cuarto título de la NCAA. Shabazz Napier lideró el ataque de los Huskies con 22 puntos, 6 rebotes, 3 asistencias y 3 robos, y fue el merecido ganador del premio al jugador más valioso de la final. El AT&T Stadium – casa/mausoleo de los Dallas Cowboys -, reconvertido en la mayor cancha del mundo, fue el escenario de la gran final del baloncesto universitario. Más de 80.000 espectadores, incluidos dos expresidentes de la nación, pudieron disfrutar de un gran partido de baloncesto, espectacular y emocionante, que se decidió en los instantes finales gracias al acierto de la gran estrella de UConn y al pésimo porcentaje de tiro de los Wildcats desde la línea de personal. Al final, se cumplió esa ley no escrita del baloncesto universitario: quien mete los tiros libres, se lleva el partido.

El baloncesto universitario en Estados Unidos es una religión. Es un hecho. La final de la NCAA paraliza el país, detiene la NBA, revoluciona las apuestas y consigue que millones de personas se sienten a ver un partido entre jugadores no profesionales. No es momento aquí de polemizar sobre el fundamento y el sistema de explotación de la NCAA, pero es evidente que la maquinaria funciona, y su trascendencia se reactiva año tras año. Todos los aficionados al basket sabemos que marzo es el mes de la locura y que lo que sucede en la Final Four tiene mucho que ver con lo que depara el draft de ese año.

NCAA5Tras semanas de baloncesto y millones de brackets echados a la basura, los Huskies de la Universidad de Connecticut y los Wildcats de la Universidad de Kentucky, llegaban a la gran final tras haber superado grandes dificultades y verse fuera del torneo en un par de ocasiones. UConn, un año después de su sanción y con el recuerdo del torneo logrado en 2011 con Kemba Walker como líder indiscutible, confiaba sus opciones en la capacidad de Shabazz Napier para liderar la ofensiva del equipo. Napier, que vivió el título del 2011 como escudero de Walker, tenía sobre sus hombros la oportunidad de volver a llevar a los Huskies a la gloria y, de paso, redimirse contra la sanción de la NCAA. Connecticut venció en semifinales al gran favorito, los Gators de la Universidad de Florida, gracias a su baloncesto eléctrico de buenos porcentajes de tiro y a su rocosa defensa. Por su parte, los Wildcats comenzaron la temporada con muchas dudas, aunque cada ronda superada ante rivales de renombre, les hacía más merecedores del papel de candidatos. A lo largo del torneo, su juego interior, con Willie Cauley-Stein (baja en la final) y Julius Randle, dominó en la zona rival, ayudado por el acierto de Aaron Harrison en los momentos finales, y la calidad de James Young en la faceta anotadora. El camino de los Calipari hasta la final no fue fácil. Partidos durísimos contra Wichita State, Louisville, Michigan y los Badgers de Winsconsin en semifinales; duras pruebas en las que los de Kentucky supieron llevarse la victoria.

La final sorprendió a los pesimistas, que se esperaban un partido de defensas y baja anotación. UConn tomó el mando al inicio del partido y se mantuvo por encima hasta el final, aunque los altibajos en el juego de los Huskies mantuvieron la emoción hasta los dos últimos minutos. Kentucky no pudo desarrollar su juego de velocidad y contraataque y, hasta mediados de la primera mitad, no les fue fácil encontrar maneras de meter el balón en la pintura para Randle, gracias a la gran defensa de los de Kevin Ollie, en especial,  el trabajo de Niels Giffey cuando éste se emparejaba con los hombres interiores de Kentucky.NCAA4 La presión asfixiante de los chicos de UConn provocaba numerosas pérdidas de balón que desquiciaban a John Calipari, que viendo cómo se le iba el partido en la primera parte, ordenó una defensa en zona contra la que chocaron los Huskies. Los hermanos Harrison, aunque muy activos en el rebote defensivo, no vieron canasta con la facilidad de los últimos partidos, lo que llevó, de nuevo a Calipari, a buscar soluciones en la segunda unidad, sin gran éxito. La sangría de los tiros libres empezó a cavar la tumba de los Wildcats, dejando el porcentaje final en 13-24, poco menos del 50%.

El acierto de Napier desde la línea de tres en momentos claves machacó las esperanza de los Wildcats cada vez que se acercaban en el marcador. Ni siquiera, el buen partido del escolta James Young, reconvertido a base en el esquema de Kentucky, pudo con su acierto anotador (20 puntos) dar la vuelta al luminoso; aunque nos dejó la imagen del partido en un tremendo mate sobre dos jugadores de los Wildcats.

Cuando el partido se apretó, la falta de ideas del equipo de Kevin Ollie se solventó dando el balón a Napier. La estrella acabó el partido agotado y bajando sus porcentajes de tiro, si bien, esto no le impidió marcarse un triple a menos de dos minutos para finiquitar el partido. Si en el título de 2011 Napier ejerció de escudero de Walker, Ryan Boatright aportó 14 puntos, 4 rebotes y 3 robos, al backcourt de los Huskies. 36 puntos entre los dos – más de la mitad de la anotación de su equipo- no solo desde la línea de tres, porque ambos jugadores se pasearon a menudo por la zona, penetrando y provocando las tiros libres (100% de efectividad) que aseguraron buena parte de la ventaja que les permitió llevarse el partido.

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Muchos habrán leído, por enésima vez, la historia de la Cenicienta que gana el torneo, o la historia del pez pequeño que se come al grande. No creo que estos Huskies encajen en esta etiqueta tan manida. Vale que ni UConn ni Kentucky eran de los mejores rankeados, pero ambos son equipos ganadores, habituados a la Final Four y con más de un campeonato en las vitrinas del campus. Es el cuarto título nacional en los últimos 15 años para los Huskies, tras el año de sanción que le impuso la NCAA y que dejó marcado al programa y fuera del equipo a Jim Calhoun, su histórico entrenador. Para Uconn era el año de la revancha, un equipo de destino – como dicen los americanos – algo que tanto Ollie como Naiper llevaban mascullando dos largos años y que el MVP no tuvo reparos en declarar ante la televisión nacional: «esto es lo que pasa cuando nos sancionas».

¿Cuál es el futuro después de esta final? Es difícil vislumbrar el mañana para los protagonistas del partido. Shabazz Napier va a subir su stock en el draft, pero le va costar encontrar el hype suficiente para subir al top 5, en virtud de las estrellas que ya han anunciado su intención de presentarse este mismo. UConn se encuentra con el mismo panorama que hace tres años: con el campeonato y sin su máximo referente. Quizá Ryan Boatright asuma los galones en el nuevo proyecto de Kevin Ollie. Y qué decir de Kentucky, un grupo de novatos que se tendrán que plantear el salto al profesionalismo, teniendo en cuenta la política de Calipari, que a buen seguro, ya ha reclutado talento joven para el año que viene.



Iván "Pireo"

Deportista, espectador y aficionado. Amante de cualquier competición y del deporte americano en particular. Resignado pero orgulloso seguidor de los Detroit Lions, Indiana Pacers, Seattle Mariners y Toronto Maple Leafs. Death Valley siempre será la casa de LSU y sus Fighting Tigers. Escribo en sportsmadeinusa.com. Editor y miembro del equipo de bloginterference.com

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