Cuartos de final: Francia – Alemania y Brasil – Colombia

La verdadera carrera por levantar la Copa del Mundo ha comenzado. Anoche arrancaron los cuartos de final, la histórica barrera para los aficionados españoles al fútbol, contra la que tantas veces se han chocado y que muchos ahora añoran viendo la salida humillante de España por la puerta de atrás. De los 8 candidatos que optaban a sentarse en el trono del fútbol, Francia y Colombia ya están compartiendo vacaciones con la actual campeona del Mundo.

Francia se quedó a las puertas de pisar las semifinales. La selección del gallo se va del Mundial con la punzada de ser eliminada, de nuevo, por su «bestia negra». Una gran generación, la francesa, joven y hambrienta de títulos, que tiene en su mano la posibilidad de encarrilar, de nuevo, a su selección por la senda del triunfo, y revivir el espíritu del ’98 en la próxima Eurocopa. Se van con la cabeza bien alta.

También orgullosos de su papel en este Mundial deben irse los jugadores de la selección colombiana. Las lágrimas de James Rodríguez, la revelación del torneo, personalizan lo cerca que estuvieron de sorprender a la pentacampeona. La «canarinha» sigue llorando, pero esta vez no de emoción, polémicas aparte, sino por la baja de Neymar Jr. y del capitán, Thiago Silva, para la semifinal contra Alemania. A Felipão la sonrisa por la victoria se le convirtió en amargura. Brasil sigue adelante a pesar de la presión, del ruido, de la responsabilidad. En la mente del grupo solo existe una idea: dos escalones más para cumplir el sueño.

FRANCIA 0- ALEMANIA 1

El primer encuentro de cuartos se presentaba como el único emparejamiento plenamente europeo. Una vieja rivalidad con muchas cuentas pendientes. En 1982, y de nuevo en el Mundial ’86 en México, los germanos fueron los verdugos de Francia. La magnífica generación de futbolistas franceses de los ochenta, capitaneados por Platini y Luis Fernández, no pudo superar el temor que ya, por aquel entonces, les infringían los vecinos alemanes. Pero los años han pasado y Alemania no ha vuelto a pisar una final mundialista desde la unificación. Francia, por su parte, luce en su escudo la estrella de campeón del ’98, su Mundial. A priori, al partido no le faltaba de nada: rivalidad histórica, un escenario mítico como el Estadio de Maracaná de Río de Janeiro, buen juego y, sobre todo, calidad y disputa. Y el espectáculo no decepcionó a nadie.

Pocos himnos saben más a fútbol que el de estos dos equipos. Con cierto retraso, gracias a la parafernalia de la FIFA, arrancó la contienda europea. Löw optó por la inclusión de Klose en el once inicial y la vuelta de Lahm al lateral. Fiel a su estilo de apisonadora, los bávaros salieron en tromba. Movidos por los potentes jugadores en el medio en la salida del balón, los franceses apenas pudieron sacarse la presión en los primeros diez minutos. Müller, personificaba las peores pesadillas de defensas galos que le encimaban cada vez que encaraba hacia la portería de Lloris.

De nuevo, de balón parado, que tantos goles ha propiciado en este Mundial, vino el primero de Alemania. Varane se deja comer la tostada por Hummels que en área pequeña remata sobre el defensa francés y hace imposible la estirada del portero. El gol obligó a un cambio de planes, y por ahí, se vieron las carencias de Pogba y Cabaye. Un querer y no poder. El equipo alemán juntó filas al ataque francés que no encontraba huecos. Neuer salvó los muebles con una mano increíble a remate de Valbuena. Francia llegaba más por inercia que por fútbol. Mucho balón por banda pero rematados con centros poco medidos.

El paso por vestuarios le vino bien a los franceses que salieron con las ideas más claras. El campo se iba inclinando hacía la portería de Neuer. Matuidi se sumó al ataque y desde su banda se colgaron la mayor parte de los centros al área. Schweinsteiger pagó su frustración con el pobre Valbuena que casi acaba en el hospital con la sensación de haber sido atropellado por un tren de mercancías bávaro.

A Francia se le iba el partido pese a su dominio estéril. A medida que el reloj avanzaba se rompía el medio. Los alemanes se echaban más atrás, descolgando a Schürrle como única referencia ofensiva. Y lo que es el fútbol, en el mejor momento de Francia, Lloris sacó un pie para evitar el segundo gol alemán. Los de Deschamps rondaban el gol, pero no era el día. Neuer selló la clasificación con una mano a tiro de Benzema cuando moría el partido. La máquina alemana, a base de pegada y orden, va avanzando con paso firme. Rival temible el que le espera a Brasil.

BRASIL 2 – COLOMBIA 1

Ante los ojos del mundo entero, Brasil y Colombia jugaron el partido de la emoción. La única eliminatoria plenamente americana se presentaba como favorable a los anfitriones. Los números daban como favorito a Brasil que, de todas las eliminatorias que había jugado contra los cafeteros, apenas había perdido un par de encuentros, aparte de algún que otro empate. La oportunidad de derrotar a los brasileños en el mayor escenario posible estaba ahí, pero…la sorpresa no se produjo.

Y no fue que no estuviera cerca. Brasil pudo ganar con holgura, pero la casualidad acercó la tragedia a los anfitriones. Esta vez, las lágrimas inundaron los ojos de los colombianos, no de los brasileños. Sobre el terreno de juego del Estadio Castelão de la hermosa ciudad de Fortaleza, la pentacampeona demostró sus credenciales al título. Thiago Silva encarriló el partido a los seis minutos. Lo celebró con rabia. Su remate dio alas a los anfitriones que jugaron sus mejores minutos del torneo. Por fin, la «canarinha» mostró armas futbolísticas más allá del credo de Scolari. El partido se pudo romper en la primera media hora, pero la defensa colombiana sujetó el partido.

Colombia tardó en quitarse el miedo. El gol propició que se perdiese el respeto en favor de la necesidad. Los cafeteros subieron líneas, asumieron más riesgos. Yepes se multiplicó en labores de recuperador. Pero la magia de esta selección tiene un nombre: James Rodríguez. El futuro jugador del Real Madrid (queda dicho) marcó la diferencia. Algo distinto podía suceder cuando el balón pasaba por sus botas. Fernandinho y Paulinho se encargaron de secar al 10 colombiano que tardó en sacudirse la presión de los medios brasileños. Apoyado en Cuadrado desde el extremo, James entendió que el partido se podía ganar entre líneas, y una y otra vez lanzó diagonales a la espalda de los centrales.

Pasito a pasito, Colombia encerraba a Brasil, cuya única vía de supervivencia la encontraba en la profundidad de balones a Fred o en la velocidad de Neymar, desaparecido en la segunda parte. En el momento de mayor agitación para Colombia, el árbitro español señaló una falta a favor de Brasil a 35 metros de la portería colombiana. Los comentaristas patrios, intentaban explicar, sin mucho éxito, que la mejor opción era el disparo, seco y plano, de David Luiz. El central, con esa técnica de golpeo a medio camino entre el interior y el empeine, le pegó con todas sus fuerzas. En estos casos el balón puede ir a portería o salir del estadio, pero esta vez el misil iba teledirigido a la escuadra. Ospina pudo haber hecho algo más pero el calificativo de golazo es impepinable. David Luiz lo descargó todo en la celebración.

2-0 y resignación en la filas colombianas. Cuando los periódicos ya empezaban a escribir sobre el Brasil – Alemania, James se inventó un pase interior a Bacca que fue arrollado por Julio César. Penalti y amarilla para el portero, que debió ser expulsado. Rodríguez tiró el penalti como solo los superclase lo saben tirar. ¿Vuelta a empezar? A Brasil se le aparecían los fantasmas. Bacca la tuvo a minutos del final.

Cuando el partido se moría, Zúñiga le clavó la rodilla en la espalda a Neymar al disputar un balón. Muchos pensaron que el jugador del Barça pretendía perder tiempo, pero sus gestos en la camilla no presagiaban nada bueno. El partido acabó. David Luiz abrazaba a un James Rodríguez emocionado en una de las mejores imágenes del Mundial. Las caras de los brasileños eran largas a pesar de la victoria. A Scolari se le notaba preocupado en la rueda de prensa. El motivo se supo enseguida: Neymar se había fracturado una vertebra y se pierde todo lo que resta de Mundial. De un plumazo los anfitriones se quedaban sin el capitán, suspendido por acumulación de amonestaciones, y sin la principal estrella por lesión. Una victoria agridulce, que dice el tópico.

Martes 8 de julio, 10 de la noche, Estadio Mineirão de Belo Horizonte: Brasil – Alemania. Partidazo. La redición de la final del Mundial ’02 en Corea y Japón, de infausto recuerdo para los alemanes. Y… aunque me pese, porque quiero que Argentina salga campeón, también soy de los que piensan que este partido es la final anticipada, y el que salga victorioso de Belo Horizonte levantará la Copa del Mundo en Maracaná.



Iván "Pireo"

Deportista, espectador y aficionado. Amante de cualquier competición y del deporte americano en particular. Resignado pero orgulloso seguidor de los Detroit Lions, Indiana Pacers, Seattle Mariners y Toronto Maple Leafs. Death Valley siempre será la casa de LSU y sus Fighting Tigers. Escribo en sportsmadeinusa.com. Editor y miembro del equipo de bloginterference.com

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